4 trucos para ahorrar para gente sin tiempo

Una de mis parábolas favoritas es aquella en la que aparecen dos cavernícolas afanándose en empujar un carro con ruedas cuadradas. A su lado, aparece otro troglodita con una rueda redonda recién creada, y les preguntas “¿Tenéis un momento para probar esto?” a lo que los cavernícolas le contestan: “No tenemos tiempo para inventos ¡Estamos trabajando!“.

Esta parábola, que se suele usar mucho cuando hablamos de innovación, nueva tecnologías, etc. Viene también como anillo al dedo a la hora de pensar sobre nuestras finanzas personales: muchas personas que necesitan más dinero se afanan en trabajar más y más horas pensando que no hay otra salida para sus problemas, y sin recapacitar sobre que existen otras opciones.  Sentarse una tarde frente a la libreta y valorar como es la situación financiera es importante, pero si realmente vamos tan mal tan mal de tiempo que no podemos permitirnos ni eso. Al menos acepta estos cuatro consejos para ahorrar para gente sin tiempo ni para parar a pensarlo:

Comprueba las facturas de suministros básicos. Compara compañías e incluso rebaja servicios.

Seguramente haya una compañía de teléfono e Internet más barata que la que tenemos. Existen webs que hacen comparativas con las mejores ofertas, por lo que comprobarlo apenas nos llevará unos minutos. Lo mismo ocurre con electricidad y gas: podemos cambiar de compañía y ahorrarnos unos euros cada mes. No van a ser cantidades estratosfericas, pero son ahorros que mes a mes se van acumulando y cuando anualizamos las cantidades podemos ponerlas en valor. Un ahorro mensual en los recibos de 20 euros significan 240 euros anuales.

Por otra parte ¿Seguro que necesitamos tantos gigas en el móvil ahora que hay wifi en todas partes? ¿De verdad necesitamos tantos megas de descarga si apenas usamos ya el portátil más que para consultar el correo o ver Netflix? ¿Y la luz? ¿Cuanta potencia eléctrica tenemos contratada? ¿No nos salta el diferencial ni aunque nos pongamos a hornear y planchar a la vez? Rebajar los servicios puede traernos interesantes descuentos. Si lo combinamos con un cambio de compañía que nos ofrezca un periodo de rebaja extra de 6 o 12 meses puede ser la bomba.

Tirar la tarjeta de crédito

En cuanto tengamos un mínimo de margen y no haya peligro de quedarnos con un descubierto, lo mejor es quitarnos la tarjeta de crédito de delante. Comprar a crédito nos supone pagar con intereses, y eso es una lacra que se va arrastrando durante mes a mes, rascando céntimos de nuestra cuenta, cuando no son decenas de euros. Tal vez tirarla sea muy radical para algunos, pero al menos sácala de la cartera: déjala guardada en un cajón como el que guarda dinero de reserva para una necesidad. Al fin y al cabo esa debe ser su misión: servirnos de colchón de seguridad ante un pago inesperado.

Adiós suscripciones a clubes, gimnasios, revistas, etc.

Si no tienes tiempo para ahorrar, no tienes tiempo para otras cosas. Salvo que las aprovechemos al 100% o sean completamente necesarias, es mejor olvidarse de pagar las cuotas de gimnasios a los que vamos de vez en cuando, revistas de las que sólo nos interesa la mitad, cursos de idiomas que no estamos aprovechando y otros gastos de este tipo. Si estamos en una situación en la que necesitamos ahorrar, es mejor dejar para otro año ese curso de costura que nos apetece o las clases de spinning. Si luego, dentro de 3 meses te das cuenta que alguna de estas actividades eran básicas en tu vida, vuelve a a apuntarte. Pero es muy probable que algunas queden atrás para siempre, con el consiguiente ahorro conseguido.

Preahorro

Tal vez la herramienta más sencilla y a la vez más importante de este listado sea el preahorro: programa una transferencia a una cuenta de ahorro, fondo de inversión o depósito tan pronto como recibas la nómina. si es el día 3 de cada mes, envía una cantidad de manera programada de manera automática y vive con lo que te resta, como si ese fuese tu sueldo real. Este es un método infalible para ahorrar y acumular dinero. La cantidad depende de cada uno, pero es recomendable comenzar de una manera conservadora para luego no arrepentirse. Si aun así vemos que podemos ahorrar un poquito más cada mes, podemos ajustarla pasados unos meses. Sigue una norma: ante la duda, no aumentamos el ahorro. Pero la cuota que nos quitamos todos los meses no se puede rebajar salvo extrema necesidad.

Estas son sólo cuatro ideas para que puedas ahorrar sin detenerte mucho a pensarlo. Son medidas que se pueden implementar en algunos casos en tan sólo unos minutos. Si se te ocurre alguna más no dudes en dejarnos un comentario.

 

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