¿Qué es un chicharro? ¿Por qué hay que huir de ellos cuando invertimos en bolsa?

A menudo podemos leer artículos de especialistas o aficionados a la bolsa que denominan a ciertos valores como “chicharros”. Fuera de este ámbito, un chicharro es un pescado de escaso valor culinario y que por tanto se vende muy barato. Algunos de ellos incluso dan algún salto fuera del agua sobresaliendo fugazmente. De ahí viene la analogía: algunos valores bursátiles son como chicharros, que apenas tienen valor pero que de vez en cuando dan un salto fugaz a un lugar que no es el suyo, a una cotización que no merecen.

Un chicharro, por lo tanto, es una empresa que por diversas razones tienen poco valor. A menudo atraviesan o han atravesado problemas graves en el negocio, necesitando de una o varias ampliaciones de capital, realizando EREs para deshacerse de la plantilla sobrante que ya no necesitan por falta de negocio, vendiendo secciones de la empresa para conseguir liquidez o para amortizar parte de la deuda… Lo que si suelen compartir  el 99,99% de estas empresas es, por un lado, una escasa capitalización (Son empresas pequeñas en escala a lo que el mercado continuo significa) que las hace fácilmente manipulables por especuladores. Por otro lado, siempre van bien cargadas de deuda.

¿Es buena idea invertir en chicharros?

Los dos puntos que comparte todo chicharro (escasa capitalización y deuda) son clave para entender porque NO es buena idea invertir en un chicharro. Hay especuladores, mucho más listos, con más experiencia y sobre todo, con mucho más dinero que nosotros capaces de manipular estos valores para aprovecharse de los incautos. Apostando unos cientos de miles de euros pueden atraer a codiciosos minoristas que ven como uno de estos chicharros saltan:  dado la escasa capitalización y por tanto liquidez de estas empresas, pueden comprar muchas acciones durante un par de días o tres haciendo que por ejemplo, suban de 1,40 euros a 1,75. Con un poco de ruido en foros y Twitter cientos de minoristas avariciosos son convocados a aprovechar esta subida, con promesas de roturas de resistencias, tendencias alcistas y demás palabrería que vaticinan que el valor puede llegar a 3 euros en una semana. El especulador ya ha lanzado el anzuelo y a menudo son muchos lo que pican. Mientras los minoristas van comprando a 1,85, 1,90, 2 euros… La profecía de la subida de la cotización se cumple y el especulador va vendiendo poco a sus posiciones. Desde luego él no va a esperar a esos 3 euros prometidos. A partir de aquí pueden pasar dos cosas: o bien se llega a los 3 euros (a veces pasa) y los minoristas se apresuran a vender porque ya han llegado a su objetivo y de nuevo el chicharro vuelve a las catacumbas del 1,40 por acción en un par de días, o por el contrario, el suffle se nos cae antes, nadie llega a esos 3 euros por acción ni de lejos, y la acción vuelve a los 1,40 del principio.

Los minoristas que hayan tenido suerte habrán podido vender con plusvalías. Incluso de vez en cuando se cumplen los objetivos y pegan un pelotazo, eso no vamos a negarlo. Pero lo más probable es que muchos o casi todos ahora se hayan quedado pillados en un valor, con minusvalías, que no vale nada. Nadie quiere estar en minusvalías en un valor, pero no es lo mismo estarlo en Telefónica, Santander o Inditex, que son empresas que suben y bajan con la tendencia, reparten dividendos y probablemente recuperen el precio por el que las compramos pasados unos años que en un chicharro. Un chicharro puede ir a menos hasta que sea opada por dos duros o incluso ninguno por la competencia (Como Banco Popular), puede desaparecer por quiebra (Como Gowex), puede hacer una Opa de exclusión y pagar a sus accionistas una miseria en comparación a lo que en su momento pagaron por cada acción (Como Telepizza).

¿Cómo tener éxito invirtiendo en chicharros?

La mejor manera de tener éxito invirtiendo en chicharros es hacer una criba, tachando de la lista cualquiera que no cumpla ciertas condiciones. Hay que evitar aquellos que tengan una deuda sobredimensionada, que estén envueltos en procesos judiciales o que tengan una directiva parasitaria que sólo piense en cobrar sus bonus y no en generar valor. Hay chicharros con vocación de buena empresa, que algún día puede que los sean. Conviene fijarse en empresas en la que los directivos tengan un importante porcentaje de la empresa en propiedad y sigan realizando compras. Las compras de los insiders siguen siendo una buena pista. Que repartan dividendos también puede darnos una idea de cual es el valor real de la empresa. Quedarse pillado con minusvalías en una empresa viable y que reparte algo de dividendo no es tan malo como hacerlo en una de futuro incierto en la que la única ganancia posible está en la venta con plusvalías.

Muchas personas usan los chicharros como las tragaperras: de manera lúdopata y adictiva. También comparten un comportamiento: cuentan las ocasiones en las que les toca un premio, pero no las tardes en las que se vacían los bolsillos sin conseguir recompensa. No es recomendable dejarse llevar por los cantos de sirena de grandes operaciones que doblan o triplican valor en apenas semana. A veces ocurren, pero son la excepción.

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